El mercado del arte en 2013: las mayores subastas

El 2013 ha sido un año prolífico para la venta de obras de arte. Ha habido un incremento del 27% con respecto al 2012 y del 87% con respecto al 2011, lo cual denota una importante subida, desmontado la teoría de que en época de crisis el arte sufre en demasía. Esto se debe a la entrada de millonarios emergentes provenientes de Rusia, China y Oriente Medio. Es una demostración más de que en tiempos como éste la diferencia entre pobres y ricos aumenta considerablemente.

1. Three Studies of Lucien Freud

Artista: Francis Bacon

 

2. Silver Car Crash

Artista: Andy Warhol

 

3. Balloon Dog (Orange)

Artista: Jeff Koons

 

4. Number 19

Artista: Jackson Pollock

 

5. Coca-Cola (83)

Artista: Andy Warhol

 

6. Woman With Flowered Hat

Artista: Roy Lichtenstein

 

7. Grande tête mince (Grande tête de Diego)

Artista: Alberto Giacometti

 

8. Dustheads

Artista: Jean-Michel Basquiat

 

9. No. 11 (Untitled)

Artista: Mark Rothko

Oscar Niemeyer se despide de su curva

Hay veces que es necesario vencer a la pereza y desenfundar nuestras armas para rendir homenaje a aquellas personas que se lo merecen. Ayer, nos dejó uno de los mayores genios de la arquitectura del siglo XX, Oscar Niemeyer (Río de Janeiro, 1907-2012). El audaz brasileño, amo y señor de la curva, no se decidió por la arquitectura hasta que contrajo matrimonio y alcanzó la madurez. Hasta ese momento vagaba cual adolescente brasileño y desconocía el significado de la responsabilidad. Tras graduarse en 1934, un hecho clave en su vida fue conocer a uno de los pioneros de la arquitectura y urbanismo brasileño, Lúcio Costa, accediendo a trabajar para él gratuitamente. Veinte años más tarde recogería sus frutos, ya que en 1956, un proyecto de Costa resultó ganador para dotar a Brasilia, la nueva capital, de una flamante imagen. El urbanista no dudó en brindar tan magno encargo a Oscar Niemeyer, el cual diseñó todo tipo de edificios y transformó la ciudad en tiempo récord. Lamentablemente, tuvo que emigrar al poco tiempo tras un golpe militar, debido a su ferviente y proclamado comunismo (era íntimo amigo de Fidel Castro), trasladando su sede a París, lugar donde continuaría su carrera, realizando obras como la sede del Partido Comunista Francés. Con el fin de la dictadura en los años 80, Niemeyer vuelve a Brasil, diseñando obras tan espectaculares como el Memorial JK, el Panteón de la Patria o el magnífico Museo de Arte Contemporáneo de Niterói.Oscar-Niemeyer-Museo-Arte-Contemporaneo-Niteroi

Niemeyer moduló su estilo al conocer a Le Corbusier (proyectó junto a él la sede de la ONU en New York) y las directrices impulsadas por la Bauhaus. Se nutre de estos principios del racionalismo, pero se aleja poco a poco para adentrarse en un lenguaje propio con el que plasmar en sus obras el significado de la cultura iberoamericana. El arquitecto declara el rechazo hacia el ángulo recto y la sobriedad y hermetismo de la primera generación de arquitectos modernos. Creó una nueva forma de edificar tomando el hormigón armado como fuente de inspiración (demostró que no era un material que servía únicamente como apoyo y sustento)  y moldeándolo hasta conseguir fantasiosas estructuras que evocan al mundo onírico. Él mismo decía: “No es la línea recta la que me atrae, dura, inflexible, creada por el hombre. La que me atrae es la curva libre y sensual. La curva que encuentro en las montañas de mi país, en la sinuosidad de sus ríos, en las nubes del cielo y en las olas del mar. De curvas está hecho el universo, el universo curvo de Einstein”. Con esta declaración demuestra que la comba es la base en la que él crece y se asiente. Gracias a la curva alcanza la libertad y dota de realismo y vida a las construcciones que con tanta maestría realiza. Un estilo muy particular que le ha convertido en el arquitecto brasileño más laureado de todos los tiempos, obteniendo premios tan aclamados como el Pritzker en 1988, el Príncipe de Asturias de las Artes en 1989 o el Praemium Imperiale en 2004. Sigue leyendo

Alemania rinde homenaje a Eduardo Chillida

El 19 de agosto de 2002 murió Eduardo Chillida, escultor guipuzcoano que estuvo íntimamente ligado con Alemania durante gran parte de su vida. Con motivo del décimo aniversario de su fallecimiento, el país germánico organiza en estas fechas diversos actos para homenajear al magnífico artista vasco.

Diferentes exposiciones y conferencias organizadas por todo el territorio del país teutón, pondrán en relevancia la profunda relación que ha existido durante mucho tiempo entre Alemania y el escultor. Entre otras cosas, se mostrará el estrecho vínculo entre el artista y el filósofo Martin Heidegger, así como se hará referencia a las 10 esculturas públicas que residen en varias ciudades del país. Además, el Instituto Cervantes de Múnich expondrá una selección de la obra gráfica del donostiarra (un total de 20 grabados), evidenciando la gran importancia que tuvo la misma en su trayectoria y sus inquietudes por experimentar otros campos artísticos.
La capital alemana quiere así mostrar la unión entre pueblos que fomentó el escultor y promulga la importancia de la cultura como medio de enriquecimiento social y educativo. El romance entre el artista y Alemania se atestigua en las más de 80 exposiciones individuales que se han organizado en este país desde 1960, denotando la gran admiración que ha mostrado el pueblo germánico por el autor. Especial mención requiere la escultura Berlín, la cual representa la reunificación del país y que descansa en la sede del gobierno alemán.

La atracción era recíproca y es algo plausible en su obra. En alguna ocasión, el artista mencionó que aunque él no hablase el idioma, sentía que sus esculturas si lo hacían. Esta idea ha sido plasmada en un reciente comunicado del museo Chillida-Leku, indicando que “la austeridad, el estilo grave y la expresión densa” son particularidades que ligan al artista y sus obras con el país germánico. Quizás su intangible entusiasmo por el límite y todo lo concerniente al mismo, tenga mucha parte de culpa en esta complicidad.

Su escultura siempre rivalizó con Jorge Oteiza, el cual le acusó incluso de plagiarle sus ideas. Es curioso y digno de mención que Chillida llegó a ser futbolista profesional (defendió la portería de la Real Sociedad), siendo obligado a dejar la profesión debido a una lesión de rodilla, hecho que le empuja a retomar su admiración por el dibujo y a ir formando poco a poco las increíbles obras que hoy día podemos admirar.

Fuente: EL PAÍS