Frida Kahlo

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En abril de 2012 publiqué una entrada en la cual hablaba de forma genérica de la tormentosa relación entre la Mujer y el Arte, tomando la figura de Berthe Morisot como ejemplo. La idea era hacer una trilogía basada en la vida y obra de personajes femeninos que reflejase a la perfección los terribles impedimentos con los que se ha topado la Mujer en toda disciplina artística. La pintora impresionista fue el punto de partida, teniendo continuación en fechas posteriores con el episodio dedicado a la escultora Camille Claudel y su infausto idilio con Auguste Rodin. Tras estos dos grandes talentos, es el turno de la enigmática Frida Kahlo, el vértice superior de esta terna que nos sirve como colofón para esta problemática serie. Espero que la interminable demora haya merecido la pena.

Frida-Kahlo-AutorretratoNacida en 1907 en plena época de lucha por el cambio en su país, fue una artista a la que las desgracias le persiguieron durante toda su vida. A los 6 años sufrió la polio, una temible enfermedad que le dejó secuelas físicas a las que debió hacer frente. Este prematuro golpe forjaría una gran personalidad en Frida, algo que le serviría para afrontar las desavenencias que le esperaban. Los años pasaron y se percató en plena adolescencia de lo confortable que era para ella el contacto masculino. No tenía ningún interés en lo que las niñas de su edad hacían. Esto tiene su explicación: su padre siempre trató a la pintora como si fuese un hijo. Su vida era placentera, exenta de problemas, algo propio (o quizás no) para alguien de su edad. Sin embargo, esa placidez adquiriría oscuridad en 1925. Ella tenía 18 años y un atroz accidente de tráfico le destrozó la columna vertebral, llegando incluso a saludar tímidamente a la Parca. Estuvo convaleciente durante un largo periodo de tiempo y debía reposar en cama permanentemente, por lo que era conveniente pasar las horas de algún modo. Optó por usar las acuarelas de su padre, el cual le enseñó a pintar (era fotógrafo y aficionado a la pintura) a través de básicas nociones, sin pretender que Frida Kahlo siguiera sus pasos. Rápidamente, lo que empezó como un mero pasatiempo se convirtió en pura obsesión. Gracias a un caballete adaptado a sus dificultades que le regaló su familia, comenzó a reflejar su desgastado mundo interior, mostrando la tragedia psicológica en la que está inmersa mediante retratos sumidos en la tenebrosidad.

Con el paso de los años, su paleta evoluciona y adquiere mayor presencia y técnica al conocer al muralista Diego Rivera, el cual mostró una tremenda admiración hacia Frida al ver sus obras. A raíz del interés por su pintura comienza una estrambótica relación, contrayendo ambos matrimonio en 1929. Rivera le hizo ver a su mujer la importancia de no imitar a ningún otro pintor, apostando así por un estilo muy propio cargado de emoción, fuera de toda influencia exterior debido a su particular existencia. Era un vínculo bastante enérgico, pero empezaría a perder fuerza a partir del aborto que sufrió la artista en 1932. Este hecho le hirió profundamente al darse cuenta de su incapacidad y la tortura que había sufrido su cuerpo.

frida-kahlo-mi-nacimiento-1932Por si fuera poco, esta convulsa unión se vio salpicada por constantes episodios de infidelidades por ambas partes y culminaría con el divorcio en 1939. Sin embargo, volverían a contraer matrimonio años más tarde, quizás por el empeoramiento de la salud de Frida Kahlo, algo que hizo entender a Diego Rivera que necesitaba compañía hasta el momento de marchar, siendo el 13 de julio de 1954 el día elegido para pagar el tributo a Caronte. Y es que a pesar de haber tenido una tormentosa relación, la pintura de estos artistas alcanzaron cotas insospechadas gracias al apoyo mutuo que se sirvieron, siendo Diego el mayor admirador de Frida, mientras que la pintora era la mayor crítica del muralista.

Una vez relatada su compleja historia, es momento de analizar su obra, la cual se nutre de las necesidades psicológicas causadas por las continuas adversidades que sufrió. Son éstas las que le empujaron a crear su propio estilo, lejos de cualquier corriente existente, adquiriendo una personalidad artística sin parangón. Un nuevo universo artístico creado a partir de una pincelada llena de sinceridad, su propia verdad, sin pretender demostrar algo que pueda llamar la atención. Sin alardes, pinta con el único objetivo de plasmar sus sentimientos y emociones, sin ningún tipo de directriz ni ningún referente en el que sostenerse, ya que es una pintora alejada por completo del canon pictórico europeo, sin conocimiento alguno sobre las pautas clásicas y carente de formación teórica. Todo lo que refleja es la pura realidad y no fruto de sus sueños como tantas veces se ha mencionado. Éste es el ejemplo más fehaciente de los continuos errores que se han cometido sobre Frida Kahlo: su constante relación con el movimiento surrealista, cuando lo único que le unía a esta corriente artística era su amistad con André Breton. Sin embargo, ella no refleja en sus lienzos lo onírico, sino que retrata un nuevo mundo en el que son detallados los episodios de su propia vida y donde sus costumbres y cultura adquieren gran notoriedad.

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El análisis de la obra que pintó en 1937 titulada como Recuerdo (El corazón), sirve para ejemplificar que nunca ha perseguido los ideales surrealistas, aunque a simple vista pueda parecer todo lo contrario. En la imagen que acompañan estas líneas, se puede observar dos mitades bien diferenciadas: mar y tierra, siendo referidas su realidad y su recuerdo o pasado, respectivamente. Tales épocas se distinguen por los trajes situados a ambos lados de la artista, la cual se autorretrata siendo atravesada por una vara a la altura del corazón, haciendo alusión a la infidelidad de su marido con su hermana Cristina. Su corazón, de enormes dimensiones, yace en la tierra, en su pasado, mientras el hueco que ha dejado dista mucho del tamaño de éste, significando que el dolor causado no es tanto como parece. Frida aparece en el mismo plano que el traje mexicano, por lo que hace referencia a la importancia de la cultura en su vida y pintura. Un detalle muy patente es que su pie izquierdo se transforma en velero, empujando a la artista a navegar hacia este nuevo mundo. Sin embargo, ella realmente no porta traje alguno, está como distante, siendo representada sin manos, quizás describiendo la impotencia y, a la misma vez, la falta de interés por caminar hacia un lado u otro. Como vemos, son muchísimos los mensajes que se extraen de sus lienzos y todos ellos fruto de su propia visión, desmontado la teoría surrealista.

frida-kahlo-venado-herido-1946Sus lienzos denotan un profundo simbolismo que ha ocasionado a lo largo de la historia una constante problemática a la hora de entender a la artista. Metáforas que unen episodios vividos por ella y que intenta transmitir al espectador por medio de sus pinturas. Éstas no se caracterizan por su gran técnica o calidad, sino que destacan por la pureza del mensaje. Una sinceridad que se mueve constantemente entre la delicadeza y la atrocidad. Ternura y crueldad estrechan lazos para contar historias que residen en la enigmática mente de la autora y que se alojan en unos cuadros que sirven como puente para conectar con el espectador. La temática que plasma es muy limitada, soliendo girar en torno a ella, aunque paulatinamente la vista se aleja y realiza obras de conjunto, dejando a un lado la gran cantidad de bustos (en su gran mayoría autorretratos) que solía pintar. A la artista le inundaba un profundo deseo de retratar todo aquello que anteriormente no había sido llevado al lienzo y utiliza sus propias vivencias como medio para llegar al público. Como forma de establecer un nexo entre sus obras y el espectador,  podemos observar como la figura no nos mira de frente, sino que arquea la cabeza en claro síntoma de deseo comunicativo (como intentando escuchar). Unos rostros que muestran una mirada reservada, hermética e inaccesible, denotando una clarividente ausencia, que, además de reflejar los estados de ánimo que le acompañaron durante su amarga existencia, parece estar a expensas de escuchar al que está al otro lado, incidiendo en esa conexión mencionada que ayude a sentirnos identificados plenamente con sus obras. En un periodo en el que la mujer carece de protagonismo en el ámbito artístico, Frida Kahlo es una placentera brisa que impulsa a la mujer como parte del mismo.

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