Camille Claudel, una artista a la sombra de Rodin

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En esta nueva parada de nuestro singular viaje artístico quiero referirme a una mujer que vio como su enorme talento era eclipsado por la grandeza de su amante, perdiéndose por el camino sus enormes dotes y quedando relegada a un despreciable segundo plano. Una artista que absorbió toda la crudeza de la tormentosa relación que mantuvo con el maestro Auguste Rodin y que apenas fue valorada como se merecían sus excepcionales creaciones.

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Camille Claudel (Villeneuve-sur-Fère, 1864 – Montdevergues,1943) mostró su enorme destreza para esculpir desde muy temprana edad. En un principio su familia era reacia a que dedicase su vida a tales labores, siendo su hermano -el poeta Paul Claudel- su principal apoyo. Su padre, tras percatarse de que tal capacidad no podía ser desaprovechada, acudió a dos grandes escultores como Boucher y Dubois para que viesen a su hija en acción. Ambos notaron en Camille una potencial artista, siendo Dubois el que permitiría que pasase a formar parte del elenco de escultores que trabajaban en su taller. Ella contaba con únicamente 18 años, pero se desenvolvía con los materiales como si llevase trabajando con ellos varias décadas. Al año siguiente, Boucher aconsejó a su familia el traslado a París para poder formar a la joven en la Academia Colarossi que él mismo dirigía. En este lugar aprendería Camille diversas técnicas de tendencia clásica para perfeccionar sus obras y así madurar el estilo tan característico que poseía.

En este escenario es cuando aparece el reputado escultor Auguste Rodin. Acude al taller en el que produce Camille Claudel, quedando impresionado por la forma en que trabaja la escultora, por lo que rápidamente le comunica que va a formar parte del grupo de artistas que se dedican a confeccionar la gran cantidad de encargos que recibe el maestro. Rodin advierte que la joven tiene características muy afines a él, llevando a cabo un estilo ajeno al clasicismo, huyendo así de las pautas marcadas por las Academias. Por este motivo, Camille pasa a ser una de sus principales colaboradoras, participando en obras como La Porte de l´Enfer (Las puertas del infierno) o Les Bourgeois de Calais (Los burgueses de Calais). Pero no sólo eso. Rodin se sintió profundamente atraído por Camille desde la primera vez que observó su delicada y sensual figura. Se convertiría en su musa, siendo visible el rostro de la joven en diversas figuras talladas por el escultor. El hecho de ser su modelo conllevaba que pasasen largas horas en el taller y que el vínculo fuese cada vez más estrecho.

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